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Editorial

IP - 10 de septiembre de 2013 Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en Linkedin    

Tras el receso vacacional comienza un nuevo curso político con gran cantidad de temas sobre la mesa que afectarán de manera importante al sector pesquero, especialmente al que faena en aguas comunitarias. Quedan tres meses para la aprobación definitiva y la puesta en práctica de la nueva Política Común de Pesca que deberá comenzar a aplicarse un año después de lo inicialmente previsto, en 2014 y que marcará los designios de la pesca comunitaria durante los próximos diez años. La nueva Política Común de Pesca seguirá siendo de todo menos común, un adjetivo que adolece de significado desde el propio origen de la política de la Unión Europea.

La industria del naval, por su parte, avanza hacia un nuevo escenario tras la decisión de la Comisión Europea sobre el “tax lease” y cómo aplicará España la normativa a los inversores así como la aplicación de la nueva legislación que cuenta con el visto bueno de la Comisión. Mientras, los empresarios del naval han mantenido, en la mayoría de los casos, una actitud proactiva, apostando por la internacionalización y la diversificación de sus mercados objetivo y de su actividad.
Analizando la confluencia de ambas actividades en la pesca el panorama es desolador. No se construyen buques de pesca, por lo que la industria del naval enfoca su objetivo hacia otros sectores vinculados con la explotación del mar, y el desánimo entre los armadores, agobiados por la baja rentabilidad de la actividad con costes de explotación crecientes y precios de venta del producto final a la baja, se deja palpar en la lista de solicitudes de desguace.

Mientras, los grandes discursos políticos se reorientan hacia los océanos y su explotación, abriendo el abanico de actividades que se pueden realizar en el mar y dejando escaso margen a la explotación pesquera, una actividad que parece que se pretende relegar a zonas costeras y descolocando más, si aún cabe, al sector pesquero que parece no tener claro dónde situarse. El debate sobre la búsqueda de soluciones y de oportunidades para encajar el puzzle de todas las actividades en el mar está en marcha y el sector pesquero debe de integrarse en él defendiendo su espacio y capacidad de poder y de actuar de manera responsable, no sólo con una excelente contribución a la alimentación de las poblaciones sino también siendo el generador de un importante ‘know-how’ en muchos ámbitos: científico, de conocimiento del medio ambiente y de integración y formación social.

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