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Editorial

IP - 19 de julio de 2011 A+ A-

La situación concursal que está viviendo el astillero vigués H.J. Barreras ha puesto en evidencia la fragilidad del sector de la construcción naval gallego. Con el -que deseamos- temporal cierre de este emblemático y centenario astillero se teme un efecto de contaminación a otros astilleros de la zona, pero sobre todo a la industria auxiliar y a los fabricantes de bienes de equipo que pueden ser los peor parados. Estas industrias, inexplicablemente consideradas por la Conselleria de Industria como de "menor rango", son las que representan un mayor peso económico y social.

En rueda de prensa, el Comité de Empresa de H.J. Barreras recordaba que aunque los trabajadores de Barreras son apenas 136, los subcontratados y dependientes de industrias auxiliares que trabajan para el astillero, pueden llegar a ser más de 4.000.

En el primer trimestre de 2011, nos cuenta la Gerencia del Sector Naval, que sólo se firmó un con- trato. El afortunado fue Astilleros Gondán, con un buque de 3.693 GT. En abril de 2011, la cartera de pedidos de los astilleros privados españoles ascendía a 68 unidades por un total de 234.936 GT; 15 mercantes para el mercado nacional y 53 para el mercado exterior. En el mismo periodo del año anterior, las cifras eran de 98 buques en cartera, 24 mercantes para el mercado nacional y 74 al de exportación. En abril de 2009, los astilleros tenían una cartera de pedidos de 146 buques, 44 para el mercado nacional y 102 buques mercado exterior, 3 de ellos pesqueros.

La situación actual se produce no sólo por la crisis sistémica del sector financiero y la contracción crediticia, hay otros factores de fondo que han de ser analizados y que tienen mucho que ver con la planificación y estrategia fabril y comercial de los astilleros. A partir de la reconversión naval de los años 80, los astilleros se han convertido en puras industrias de síntesis, llevadas a sus últimas consecuencias. Esta circunstancia dió paso al desarrollo de una industria auxiliar de calidad e implicación, pero mal planificada y en la mayoría de los casos dependiente y sobredimensionada de un mercado muy local.

Galicia cuenta con una industria auxiliar naval tecnificada y con experiencia; sin embargo la mayoría de estas empresas han subsistido peligrosamente dependientes de la actividad de los astilleros locales, sin prever la naturaleza cíclica de este mercado. A los astilleros por sus reducidas plantillas les afecta menos.

No se ha previsto y buscado diversificación parcial en mercados internacionales. Una estrategia empresarial clara y evidente que la Conselleria de Industria no ha promovido con eficacia, ni siquiera ha pasado de las meras políticas gesticulares de cara a la rentabilidad política. En este momento, en el que es indispensable la puesta en marcha de medidas generadoras de empleo, nos encontramos en situación de desamparo e inseguridad laboral.

La construcción naval, en contra de lo que con frecuencia se dice, no es un sector en crisis internacionalmente, el volumen de negocio de nuevas construcciones que se están contratando en el exterior es considerable, especialmente en algunos países.

Es mucho lo que nos jugamos, una industria centenaria en Galicia que se ve seriamente amenazada. Sólo podrá recuperar su actividad normal, con el esfuerzo conjunto y solidario de todos los astilleros e industrias auxiliares, en primer lugar, trabajando en un proyecto común y equilibrado y, además, exigien- do a la administración autonómica mayor implicación y racionalidad.

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