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Pescanova, solución posible

IP - 19 de abril de 2013 Compartir en Facebook Compartir en Twitter    

Sin precedentes en el estruendoso ruido mediático producido. Ríos de tinta vertidos en prensa, horas de televisión y medios digitales, en torno a la inesperada crisis financiera de Pescanova. Un torrente informativo desbordado, que contrasta de plano, con la sequía informativa mantenida por la empresa.

La crisis de Pescanova se ha convertido en “trending topic”, en noticia global; una globalidad que los medios de comunicación de todo el Estado han plasmado marcando la verdadera dimensión del problema y el impacto que representa para la economía gallega y para la economía española, por el posicionamiento geoestratégico de los intereses de la empresa en el exterior.

A estas alturas, después de casi 2 meses de conflicto, siguen faltando muchas claves. Pero, además, siguen sin definirse objetivos claros por parte de todos: empresa, entidades financieras, accionistas, CNMV, centrales sindicales e instituciones políticas.

Es necesario orientar la voluntad de todos en la misma dirección, crear un estado de opinión positivo y dirigido a la recuperación, a la creación de un acuerdo marco que pueda garantizar un “estatus” jurídico en el que todos los actores se comprometan: unos a limitar sus poderes y sus actuaciones, otros a mejorar su actitud participativa, y todos a colaborar en una acción de gestión exclusivamente dirigida a recuperar Pescanova, dejando a un lado intereses personales.

No es momento de buscar responsables. Habrá tiempo para ello. Ni siquiera de pretender situarse en el bando de los vencedores o de los vencidos. Los errores, en mayor o menor magnitud, proceden de más de un bando. No es sólo Pescanova o un departamento el implicado. No está sólo el problema en una de las empresas que componen el centenar de compañías del Grupo. No son sólo los auditores, los que año tras año han venido emitiendo opinión limpia, cuando se estaba fraguando uno de los mayores escándalos bursátiles ocurridos en este país. Ni los funcionarios administrativos que han confeccionado las “due diligences” que posteriormente instrumentalizaron la documentación que circuló en los “Road Show” por importantes inversoras de toda Europa y América, para que acudieran a dos aumentos de capital y tres emisiones de bonos convertibles. Qué decir de algunos bancos, cuyos gabinetes de estudios ejercían de “videntes” para estimular la inversión, pronosticando importantes recorridos al alza del valor de Pescanova.
 
Las autoridades nacionales y autonómicas, con una actitud tibia y descomprometida, se alejan de la esencia de un problema económico de máxima magnitud. Como ejemplo, destacar la insolencia inicial de la conselleira de Pesca, Rosa Quintana, que a preguntas de los periodistas, declaró que de Pescanova sabía lo que leía en la prensa. No nos parece la conselleira una aplicada lectora, aunque sí en otros tiempos complaciente receptora del cálido sabor que  producen los congelados.

En el ámbito parlamentario gallego no todo ha sido despropósito. Reseñamos el respeto que nos merecen dos intervenciones públicas: la del portavoz del PP, Pedro Puy Fraga, con su habitual y equilibrada coherencia, y la del líder de ANOVA, Xosé Manuel Beiras, con su habitual y desequilibrada coherencia. Del resto de los portavoces parlamentarios no hemos escuchado nada digno de resaltar.  

La CNMV, presidida por una lucense con reputación de persona seria y rigurosa pero lejana del perfil profesional (job profile) exigible para ocupar la presidencia del máximo órgano regulador de los mercados españoles, claramente, en el caso de Pescanova, no ha estado a la altura de lo exigible. Se ha olvidado de preservar el prestigio de España en el ámbito financiero internacional, mostrando la fragilidad de una institución que ha permitido que uno de sus títulos, el de Pescanova, llegara a una situación como la que ahora ha estallado con estruendo. La CNMV es el órgano responsable de velar por la transparencia y disciplina administrativo financiera, exigible a las empresas cotizadas. Los fondos de inversión extranjeros que, en estos momentos, son principales animadores del parquet español se están cuestionando seriamente el rigor de la CNMV como garante de las normas internacionales de mercado. El título de Pescanova, importante en el “mid market” nacional, está suspendido desde hace más de un mes. La ambigüedad, la pasividad han caracterizado la actuación de la CNMV. 

A estas alturas, después de casi 2 meses de conflicto, siguen faltando muchas claves. Pero, además, siguen sin definirse objetivos claros por parte de todos: empresa, entidades financieras, accionistas, CNMV, centrales sindicales e instituciones políticas.

No es el momento, ni nuestra función, enjuiciar las actuaciones del órgano regulador, pero sí llamar la atención; la CNMV está incluida en el catálogo de equivocaciones en la crisis de Pescanova. El daño reputacional hecho en la línea de flotación de los mercados no es pequeño. Como referencia, los comentarios que en estos días aparecen en la prensa económica de las bolsas de Londres o Frankfurt.

Las centrales sindicales son las que menos sorpresa han causado, con sus estribillos de siempre y la escasa información que manejan los convierten más en víctimas que en culpables.

Por último, los medios de comunicación, los únicos que han hecho una labor vigilante, a veces ácida como es su función pero eficaz, para definir la magnitud del problema económico y la repercusión social que tendría la desaparición de Pescanova, un proyecto en plena vigencia, irrepetible, potente, singular y como tal con un valor transcendental para la economía real gallega.

Es cierto que ha habido fallos en su modelo de gestión. Políticas al límite de lo audaz en tiempos de fuerte contracción crediticia. La falta de supervisión, de control interno, ha conducido a praxis contables aparentemente no ortodoxas. Se incumplió con el compromiso de reducir el alto nivel de apalancamiento con los fondos captados en las ampliaciones de capital y bonos convertibles, algo que debería haber hecho saltar las alarmas de los controles externos y órganos supervisores.

La actividad pesquera pertenece a un sector contingentado. No hay espacio para más. En el mundo no se pueden pescar más toneladas por año. Por lo tanto, no se puede producir más proteína de origen marino, así pues es de alto valor estratégico. En capturas se ha llegado al límite de lo razonable y de lo permitido. Por tanto, no se puede hacer otra Pescanova. Pescanova es irrepetible.

Los medios de comunicación, los únicos que han hecho una labor vigilante, a veces ácida como es su función pero eficaz, para definir la magnitud del problema económico y la repercusión social que tendría la desaparición de Pescanova, un proyecto en plena vigencia, irrepetible, potente, singular y como tal con un valor transcendental para la economía real gallega

No vamos a entrar en la importancia y transcendencia económica que tiene Pescanova en el tejido laboral, empresarial y social de la comunidad gallega. Su dimensión y su presencia en más de 22 países, tanto en el sector extractivo o en el de cultivos marinos, así como en el de la comercialización de productos con marca Pescanova, la convierten en una locomotora clave. Clave porque en Galicia, salvo alguna brillante excepción en el sector textil, no hay ninguna empresa que configure una imagen de marca sólida, prestigiada y que ha obtenido una facturación, en 2012, de más de 1.700 millones de euros en su consolidado.

¿Hay voluntad para “salvar Pescanova”? Estamos seguros que sí. ¿Existe unanimidad en la forma de salvación? No estamos seguros. Lo que sí está claro es que la solución no puede venir de forma unilateral o aislada, no puede surgir sólo ni desde la propia empresa ni desde el exterior. Dado el alto grado de deterioro y confusión al que se ha llegado se necesita el esfuerzo de todos. La recuperación sólo puede venir a través de un “pacto global”, es decir, fruto de un esfuerzo colectivo, de la colaboración abierta, decidida y consensuada de todas las partes interesadas que, sin duda, les va mucho en ello. Tienen más que ganar que perder con la salvación de la multinacional.

Es necesario que se forme una “task force” de salvación. Que todos estén implicados y dispuestos a hacer sacrificios y renuncias: la propia empresa; los 10.000 trabajadores que en ella prestan servicio, que angustiados lo siguen haciendo de forma ejemplar; los accionistas en la actualidad con intereses divergentes; las instituciones financieras que en número de más de 40 bancos conforman el panel de máximos acreedores y que tras la petición del concurso de acreedores ya han tenido que provisionar un 25 %, de su deuda y, de no mejorar la situación, tendrían de provisionar el 100 % antes de fin de año, lo que podría reventar el equilibrio financiero de España.

Es necesario que se forme una “task force” de salvación. Que todos estén implicados y dispuestos a hacer sacrificios y renuncias: la propia empresa; los 10.000 trabajadores que en ella prestan servicio, que angustiados lo siguen haciendo de forma ejemplar; los accionistas en la actualidad con intereses divergentes; las instituciones financieras que en número de más de 40 bancos conforman el panel de máximos acreedores y que tras la petición del concurso de acreedores ya han tenido que provisionar un 25 %, de su deuda y, de no mejorar la situación, tendrían de provisionar el 100 % antes de fin de año, lo que podría reventar el equilibrio financiero de España. Son, por tanto, socios necesarios, obligados e interesados en que el problema se resuelva. Tienen mucho que decir y que aportar en el proceso de recuperación.

Las autoridades locales, digamos Xunta de Galicia, tienen que implicarse o podría perder la mayor empresa pesquera y de procesamiento de alimentos de origen marino de Europa, con una marca consolidada a lo largo de medio siglo. El gobierno central, que no cuenta con otro activo en el sector alimentario con la dimensión y la penetración que tiene Pescanova en mercados maduros como Europa, Norteamérica o los emergentes en consumo de productos pesqueros como China, Australia, Brasil, etc., sin olvidar la importancia de la localización de sus plantas de elaboración y las relaciones que mantienen con países geoestratégicos.

Es necesario orientar la voluntad de todos en la misma dirección, crear un estado de opinión positivo y dirigido a la recuperación, a la creación de un acuerdo marco que pueda garantizar un “estatus” jurídico en el que todos los actores se comprometan: unos a limitar sus poderes y sus actuaciones, otros a mejorar su actitud participativa, y todos a colaborar en una acción de gestión exclusivamente dirigida a recuperar Pescanova, dejando a un lado intereses personales. Debe cesar el fuego cruzado, la batalla de opiniones, de descalificaciones, la caza de brujas. Los errores cometidos conviven con aciertos. Lo urgente ahora es corregir la deriva de la nave, que la gestión de la empresa se asuma con rigor, transparencia y talante conciliador. No se puede silenciar que a lo largo de los dos últimos meses se ha hablado de casi todo lo relacionado con el estrépito del Grupo, pero se ha descuidado lo más importante: la gestión del día a día de la empresa que se deteriora a la espera de decisiones.  

Todos estamos comprometidos en la recuperación y salvación de Pescanova. A Galicia le va mucho en ello. No se trata de hacer un acto de fe, ni de firmar un cheque en blanco, sino de crear un marco jurídico y administrativo fuerte, en el que se limiten poderes y atribuciones; se descentralicen responsabilidades, renovando órganos de gobierno, modificando políticas personalistas; y se recuperen los principios básicos contables, sana gestión administrativa, transparencia y veracidad operativa y financiera como corresponde a una empresa cotizada.

No es el momento, ni nuestra función, enjuiciar las actuaciones del órgano regulador, pero sí llamar la atención; la CNMV está incluida en el catálogo de equivocaciones en la crisis de Pescanova. El daño reputacional hecho en la línea de flotación de los mercados no es pequeño. Como referencia, los comentarios que en estos días aparecen en la prensa económica de las bolsas de Londres o Frankfurt.

Las autoridades autonómicas y centrales han de dar un paso al frente.  No estamos hablando de cómo obtener subvenciones a fondo perdido o ayudas directas poco justificadas. No. La transparencia ha de ser total y en cualquier dirección. Hay procedimientos en el mercado que facilitarían el reflote de la empresa, colaborando en estructurar la deuda a largo, intereses preferenciales o créditos participativos recuperables. Siempre manteniendo la máxima obligación supervisora, una tutela que en los últimos años ha quedado descuidada. Es imperioso que las cuentas vuelvan a reflejar la imagen fiel de la contabilidad de la empresa. De lo contrario, la nave Pescanova, hoy encallada en un peligroso arrecife financiero, no podrá ser reflotada. Si así ocurriera, los responsables de primera línea no serán los únicos que han faltado gravemente a su deber.
 


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