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Jaime Mejuto Investigador del IEO - A Coruña

El enfoque moral y ético en la pesca

Jaime Mejuto Investigador del IEO - A Coruña - 7 de diciembre de 2018 Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en Linkedin    

La pesca implica interacción entre personas y ecosistemas en la que la ética pasa a ser un conjunto de valores, reglas y prácticas que deben regir para el bienestar de los ecosistemas y las personas. En muchas comunidades la pesca es una clave nutricional, económica y social, pero puede ser además un elemento cultural sin el cual sería imposible entender su historia. Sin embargo, la mala imagen de la pesca no deja de crecer en algunos ámbitos. Valorar las causas de esas campañas, los fondos y motivos que las sustentan frente a otras actividades humanas de alto impacto global, merecería una reflexión.

La ciencia demostró hace tiempo que los recursos pesqueros son renovables pero limitados. Muchos foros enfocaron durante el siglo XX sus mayores preocupaciones éticas hacia la “sostenibilidad” o la “conservación” de los stocks y ecosistemas. Pero raramente plantearon, bajo ese enfoque ético, soluciones acompasadas con ventajas sociales e intereses humanos. Las políticas pesqueras tienen mayores consecuencias sobre las zonas donde una mayoría de las personas dependen de la pesca y existen menos alternativas de subsistencia. Algunas comunidades dependientes de la pesca sufren políticas que poco a poco dilapidan una parte de su base nutricional-económico-social-cultural, contribuyéndose así a la plaga de la “globesidad”.

En el marco europeo, con frecuencia intervienen en las decisiones sobre pesca actores que no se ven afectados directamente por ellas. Por tanto, raramente se evalúan sus efectos colaterales, sobre las políticas sociales o la vida de esas poblaciones, sobre sus derechos o sobre la penosidad-siniestralidad laboral. La falta de peso de la parte social en la pesca tampoco favorece que sean tenidos en consideración factores que afectan a las personas. Cuanto más alejado de la realidad esté el legislador, más probable es obviar los factores sociales y humanos de la pesca.  

“No deberían olvidarse otras dimensiones de esa misma ética entre las que podríamos señalar, la pesca responsable, el desarrollo sostenible, los derechos laborales o la seguridad 
a bordo”

La dinámica actual no deja duda sobre la prioridad del legislador sobre una parte de esa dual interacción entre personas y ecosistemas. La opinión pública, y actores que influyen sobre ella, tienen cada vez más peso para orientar las políticas pesqueras, definir sus plazos e interpretar o certificar la “sostenibilidad”; y no sólo entre unos u otros stocks, sino incluso de unas flotas frente a otras pese a pescar sobre un mismo stock, bajo idéntico marco jurídico y con las mismas artes de pesca. No siempre el marchamo de “sostenibilidad” parte de diagnósticos basados en la razón o en la ciencia, o son realizados por poderes públicos independientes, o por sistemas plurales o gratuitos. El bienestar de los stocks y del ecosistema son sin duda premisas del debate ético de la pesca, pero no deberían olvidarse otras dimensiones de esa misma ética entre las que podríamos señalar, la pesca responsable, el desarrollo sostenible, los derechos laborales, la seguridad a bordo, el acceso justo a los recursos, el respecto a la diversidad cultural, la eficacia social, el derecho a los alimentos, o el apoyarse en ciencia independiente y no tener ánimo de lucro al enfocar los diagnósticos; todo ello bajo políticas basadas en transparencia y deliberaciones realmente públicas equilibradas en la que los principales actores del proceso sean las comunidades pesqueras más afectadas.  

Las soluciones morales se caracterizan por un diálogo directo, informado, equilibrado, libre y razonado (la ética del diálogo). Las soluciones éticas no pueden presentarse desde arriba, favoreciendo intereses espurios, o mediante pago; sino que han de evaluarlas quienes se ven más afectados por ellas. La fiabilidad de los procedimientos establecidos para el diálogo y la participación, y las estructuras públicas de poder social y político que tomen las decisiones sobre la pesca, son elementos fundamentales para poder realizar la pesca bajo principios realmente éticos y justos. Olvidarse de estos principios fomenta el descrédito de proyectos colectivos por loables que sean, e invita a abandonarlos. 

Artículo original publicado en el número extraordinario de abril de 2017 (Nº 2120) de Industrias Pesqueras

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