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Jacobo Fontán

"90 años de IP, y 30 de las Santas Malvinas"

Jacobo Fontán - 8 de mayo de 2018 Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en Linkedin    

La revista nació un año antes que el campo de Balaídos, y siempre fue tan viguesa y emblemática como aquel. Yo solo tengo recuerdos de los últimos treinta y tantos años, de antes se acordaría nuestro abuelo D. Manuel Domínguez Macaya, pero me resulta imborrable el del tesón demostrado por Alfonso Paz-Andrade en hacerla sobrevivir en tiempos muy difíciles, cuando conseguir que saliese cada mes era un auténtico milagro.

El mismo tesón que demostró en llevar adelante la World Fishing Exhibition, que tanto bien le hizo a Vigo y que tan poco se le agradeció.

Y fue esta misma revista la que acuñó el término de las “Santas Malvinas”, de cuya pesquería celebra este año el Falkland Islands Government su treinta aniversario. Se les llamaba santas porque al principio de los ochenta la flota de los grandes congeladores vigueses pasaba enormes penurias en el caladero de Namibia, donde habían caído barcos de todo el mundo, en particular las flotas de Europa del Este y todos los barcos españoles que habían sido expulsados de Boston. Estos últimos, más pequeños, sobrevivían con 6 o 7 toneladas día, pero los más grandes habían empezado a amarrar, porque con esas pescas no eran rentables, y eso que los precios de la merluza eran bastante similares a los de hoy, el tronquito a 100 pesetas (0,6 €) y el filete sin piel a 300 pesetas (1,80 €).

“El gobierno de las Islas (FIG), estableció en 1987 la FICZ, que puso orden allí y estableció en mi opinión el caladero mejor gestionado del mundo”

Y en esto a un personaje llamado General Galtieri, para tapar sus problemas políticos internos, no se le ocurrió mejor cosa que invadir las islas por la fuerza, lo que desencadenó la triste guerra y la creación de la llamada zona de exclusión, hoy conocida como Falkland Islands Conservation Zone o FICZ, donde tímidamente empezaron a incursionar pesqueros polacos y luego españoles. La pesquería de pota en aguas internacionales era conocida, pero realmente nunca supe quien descubrió la pesquería del calamar (el tan nombrado loligo patagónico) dentro de la zona de exclusión.

Hay quien dice que fue un barco polaco, que arrastrando con una red de poca malla para meter a bordo la merluza pequeña, se lo encontró, y otras versiones dicen que fue un barco español que tenía el calcetín para el calamar de Boston, y al ver que venía calamar enmallado lo puso y lo encontró.

En cualquier caso apareció una pesquería de grandes volúmenes, ideal para los barcos españoles más grandes y que produjo inmediatamente dos efectos beneficiosos, que estos barcos empezaron a ser rentables allí, y que la pesquería de Namibia pasó a ser enormemente rentable para los barcos más pequeños, que se encontraron el caladero y el mercado de merluza para ellos solos.

Pero como pasa casi siempre, la ambición pudo con todos, y el ansia de nuevas construcciones amparadas por el famoso decreto Lázaro, llamado así porque resucitó unas bajas que estaban bien muertas y enterradas, propició la construcción de cerca de 100 buques congeladores, cuando con la ley estricta no deberían haber pasado de 18.

Consecuencia, otra vez todos a la ruina, expulsión de la flota de Namibia y la mayor crisis pesquera de la historia de la pesca española.

Afortunadamente el gobierno de las Islas (FIG), estableció en 1987 la FICZ, que puso orden allí y estableció en mi opinión el caladero mejor gestionado del mundo, con bastante diferencia, donde el sistema de control por esfuerzo pesquero en lugar de cuotas de pesca, propicia el equilibrio ideal entre la explotación comercial y la conservación de los recursos.

Por eso, en su treinta cumpleaños, y a Industrias Pesqueras en sus noventa, los felicitamos, y les deseamos que cumplan muchos más.

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