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Joaquin Cadilla, patrón de pesca

Rejuvenecer

IP - 2 de junio de 2017 Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en Linkedin    

El año 2015 se presentaba al palangre de superficie con las credenciales de sus predecesores: consolidación de la problemática sobre tiburones, desánimo en tripulaciones y empresas, listas de desguace con overbooking, dificultades financieras… ”¡Pies: para que os quiero!”

La situación da un vuelco impredecible: un rizo favorable en la montaña rusa que se construye a la vez que se avanza a bordo de los palangreros. Un rizo que desconcierta a economistas y banqueros impacientes, cuya precipitación ha ocasionado daños  irreparables que pudieron haber sido evitados con algo de paciencia y confianza. El vértigo de la caída libre se encontró con un giro inesperado que impulsó de nuevo los ánimos hacia un futuro esperanzador. Dos factores capitales invirtieron la polaridad con la que nos venían castigando en los últimos años: precio del pescado y precio del combustible. La subida del primero, asociada a la fuerte bajada del segundo, actuó la fuerza gravitacional de los planetas que impulsa las sondas en el espacio. Temporalmente, nos ha dotado de una inercia positiva que deberíamos invertir en la búsqueda y en el análisis de los elementos que nos permitirán creer en un futuro posible y solvente.

No se puede pensar en el futuro del palangre de superficie sin hacerlo a largo plazo dadas las escasas capacidades financieras de las empresas -mayoritariamente familiares- y las fuertes inversiones que se necesitan para mantener los barcos plenamente operativos. Si pasamos a un sencillo plano el pasado, el presente y el futuro, donde el presente es el punto central del que parten dos vectores en dirección contraria -uno hacia el pasado y otro hacia el futuro- y relacionamos su longitud con la vida de las personas que formamos este sector actualmente, sabremos cuál es la dovela de nuestro arco: la necesaria incorporación de la juventud.

Cuando los principales temas de conversación son los errores cometidos, los daños sufridos, las cicatrices mal cerradas o el coeficiente reductor de la jubilación es obvio que el vector que dirige su punta hacia el pasado es enormemente más largo que el que lo hace hacia el futuro, si es que existe. No cabe duda de que la juventud, aunque sea por una mera cuestión vital, estaría representada en este mismo plano con un vector hacia el futuro exponencialmente mayor que el que se dirige hacia el pasado. Por ello, su incorporación o no incorporación será la que marque la salud, a largo plazo, del sector palangrero. No lo será solo por el horizonte que alcanza a ver, sino también, por la forma con que lo ve, generalmente, la juventud a la que se le permite tomar las riendas.

La comparativa de un plano sin juventud o con ella es demoledora. En el primer escenario el vector del pasado actúa como una enorme red de arrastre para la que no disponemos de la suficiente potencia de empuje: embarraremos. El vector del futuro cabe interpretarlo como el escaso nivel de combustible que solamente recomienda buscar el puerto de refugio más cercano. En el segundo escenario todo se invierte: no hay lastres, ni taras, ni temores infranqueables. Solo ilusión por construir un puente más que permita salvar las dificultades.

El pasado no debería jugar un papel más importante que el del asesoramiento para una generación de debe coger las riendas, a la que debemos darle las riendas. El pasado no debe ser dogma de fe. Los tiempos cambian y nadie mejor que quienes son protagonistas de los cambios para trazar el rumbo de la próxima década. De nada vale pensar en modernizaciones, en inversiones, cuotas, en pescar sosteniblemente dejando al margen a la juventud.

Las circunstancias volverán a cambiar, la niebla volverá a aparecer y sin la energía propia de la juventud lo único que buscaremos será la boya de recalada del primer puerto que se nos presente. Aprovechar los buenos momentos para incorporar a la gente joven, tanto en labores de gestión como en la Mar, es nuestro mayor reto y responsabilidad, por encima de cualquier otra consideración si realmente creemos en el futuro del palangre de superficie.

Artículo original publicado en el número extraordinario de abril de 2016 de IP, Nº 2108.

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