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Leandro Estupiñán

Hundimiento y aviso a navegantes furtivos

IP - 9 de enero de 2017 Compartir en Facebook Compartir en Twitter    

Entre las últimas noticias relacionadas con el sector pesquero argentino sobresale el hundimiento del Lu Yan Yuan Yu 010 el lunes 14 de marzo. De bandera china el potero operaba ilegalmente a la altura de Puerto Madryn, ubicado en la provincia de Chubut, cuando un guardacostas de la Prefectura lo avistó en plena faena. El mando de la patrullera dio el alto al barco infractor; pero, según informes oficiales dados a conocer a las pocas horas, como respuesta hubo intento de huída de la zona de pesca restringida, donde se habían internado. Al parecer y siempre según informaciones oficiales, la nave de bandera asiática realizó una maniobra hostil, a la que la patrullera argentina respondió con ráfagas de metralleta dando lugar a su hundimiento.

Aunque por más de quince años no se reportaba un incidente semejante, es frecuente que las autoridades marítimas tropiecen con barcos furtivos. Tan solo doce días antes del suceso con repercusión inmediata en todo el mundo otra embarcación china, el Hua Li 8, con orden de captura internacional, fue sorprendido en la boca del Golfo de San Jorge para protagonizar una persecución infructuosa durante cuatro jornadas, algunos interpretan lo ocurrido como una señal del gobierno del conservador Maurico Macri contra la pesca ilegal, propagada en el Mar Argentino al punto que tanto analistas como pescadores la consideran uno de los principales problemas en el Atlántico con repercusiones económicas y biológicas directas en la industria nacional.

Para el doctor César Augusto Lerena, presidente de la Assistance Food Argentina S.A, con sede en Mar del Plata, el auge de la pesca ilegal en aguas argentinas parte de la “poca vocación” gubernamental para custodiar el mar epicontinental del que ostenta la nación como otro de sus tesoros naturales, un valioso recurso renovable, establecido a lo largo de una línea de costa de 4.725 km. de litoral atlántico abarcando un área de 2 millones de kilómetros cuadrados de superficie marítima que alberga una fauna rica y variada en especies. Lerena ha denunciado que los buques “extraen todos los años 1 millón de toneladas de pescado”, cifra que, cuantificada, representaría el doble de lo que la Argentina exportó en 2013.
Los pesqueros ilegales, también conocidos por sus siglas en inglés IUU, además de espacios fecundos para la trata humana o la promoción del trabajo en condiciones de esclavitud, actúan como saqueadores brutales de los ecosistemas. Desde el Puerto de Montevideo, habitual para el aprovisionamiento de tales flotas, activistas de Greenpeace suelen fustigar con periodicidad la pesca indiscriminada, un grave peligro para especies relevantes en la cadena alimentaria de la zona y que debido a la abusiva depredación hoy pone en riesgo también la actividad pesquera de la que dependen miles de trabajadores. De hecho, el incidente relacionado con el potero chino ocurrió en un momento crítico para el calamar illex, uno de los blancos predilectos de los pescadores clandestinos.

Tan malos han sido los resultados de la presente campaña para quienes faenan legalmente en esas aguas que no pocos armadores anunciaron una posible retirada de la actual zafra, debido a los paupérrimos resultados en las capturas. Las causas parecen fijadas en las altas temperaturas del caladero y, por supuesto, en las consecuencias del progresivo saqueo de la pesca ilegal. Al respecto, Fernando Rivera, presidente de la Cámara de la Industria Pesquera Argentina (Caipa) por Radio Brisas recién incorporó el dato de que los poteros argentinos compiten con los asiáticos de forma desigual porque el costo de la mano de obra es superior y el precio del combustible también.

Se dice que unos 400 navíos invaden las aguas jurisdicciones cada año, pero Lerena a través de artículos periodísticos asegura que en las proximidades de las Islas Malvinas, unos cuatro mil buques, en mayoría chinos, pero también procedentes de otras naciones perforan los límites de las aguas nacionales para saquear los bancos de calamar, circunstancia reiterada por Milko Schvartzman, ambientalista experto en conservación marina e investigador sobre el tema desde hace más de 10 años.

Para Schvartzman todo sucede en la milla 201, el límite de la frontera marítima que en las fotos nocturnas del planeta reveladas años atrás por la Nasa lucía como una resplandeciente ciudad fantasma en medio del océano. “No se puede cuantificar el daño que los furtivos causan al ecosistema marino”, dice, y asegura: “afecta no solo al calamar, base de la alimentación de otras especies, sino también a la merluza, ballenas, delfines, etc”.

Artículo original publicado en el número extraordinario de abril de 2016 de IP.

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