Descifrando el eco-etiquetado de los productos del mar
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La sociedad de hoy en día muestra una mayor preocupación por su entorno y el cuidado del medio ambiente. Esta concienciación tiene repercusiones en el proceso de compra, dado que el consumidor tendrá que elegir entre una gran cantidad de productos acompañados de etiquetas que certifican que se trata de un producto sostenible y respetuoso con el medio ambiente. En el sector pesquero y de la acuicultura esta tendencia ha tenido como consecuencia la aparición de organizaciones que han desarrollado una serie de parámetros con los que han conformado un programa, con el objetivo de certificar aquellas pesquerías o productos que han sido capturados o producidos de forma sostenible. Esto se traslada al consumidor a través de una eco-etiqueta, de manera que, en el etiquetado general se incluye un logo con el que se identifica todo esto. UN MAREMÁGNUM DE ECO-ETIQUETAS La organización de consumidores de EEUU Food&Waterwatch ha publicado recientemente un informe en el que tras analizar una serie de eco-etiquetas en los productos de la pesca, se cuestiona si realmente incrementan la sostenibilidad en el mercado y plantea la necesidad de que surjan iniciativas gubernamentales en este sentido. Entre las conclusiones del informe destacan que los programas de certificación de prácticas sostenibles revisados muestran deficiencias en aspectos relacionados con los estándares medioambientales, la responsabilidad social, relaciones laborales, legislación internacional y/o transparencia. Por otra parte, también han detectado que algunas fallan a la hora de cumplir los criterios de eco-etiquetado y los programas de certificación para las pesquerías de FAO. En este informe también se pone de relieve que algunos programas de certificación utilizan su eco-etiquetado para incentivar la realización de mejoras prácticas en los centros acuícolas y en las pesquerías, estableciendo con ellas una relación de trabajo más fluida. Por otro lado, también se da el caso de que alguna organización otorga la certificación aunque se queden cortos en el cumplimiento de todos los estándares, esperando con ello que la obtención de la misma le estimule para el cumplimiento futuro de los mismos. Otro de los puntos que se destaca en el informe es el económico y es que algunas pesquerías y centros acuícolas no pueden costearse el pago que supone obtener una certificación de este tipo a pesar de que sus productos sean sostenibles. Finalmente, también consideran que en algunos casos existe una falta de transparencia y que estos programas fallan a la hora de tener en cuenta la huella de carbono, un parámetro que cuantifica las emisiones de CO2 al medio ambiente asociadas al ciclo de vida de un producto. De manera que se puede dar la paradoja de que un cliente adquiera un producto eco-etiquetado procedente de otro país, por ejemplo, pensando que así está siendo más respetuoso con el medio ambiente que si hubiese elegido otro producto local sin certificar, y paradójicamente el producto que ha comprado presenta una huella de carbono muchísimo más elevada que el producto local sin certificar. Entre las conclusiones que se extraen del estudio de Food&Waterwatch -muchas de ellas referidas a EEUU-, destaca la apuesta por que el gobierno americano tome cartas en el asunto y empiece por definir y ofrecer a los consumidores qué se puede calificar como producto del mar responsable con el medio ambiente y sostenible.
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