“Proyecto para la creación de un centro de investigaciones pesqueras dependiente del consejo superior de investigaciones científicas”
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Con 28 años, Buenaventura Andreu Morera redacta el “Proyecto para la creación de un centro de investigaciones pesqueras dependiente del consejo superior de investigaciones científicas”, en el que realiza un retrato completo de las necesidades de la investigación marina en nuestro país. Su elaboración parte de la solicitud del entonces secretario general del CSIC, José María Albareda, de un informe para la creación de un organismo dedicado a la investigación marina en España. Andreu finaliza este proyecto en Vinaroz, el 14 de enero de 1949, unos dos años antes de hacerse cargo de la dirección de lo que actualmente es el Instituto de Investigaciones Marinas en Vigo. En él se recogen algunas reflexiones que, a pesar de los casi 60 años que nos separan de su redacción, siguen manteniendo su vigencia y actualidad. Agotamiento de los recursos, pesca ilegal, aprovechamiento íntegro industrial de las capturas, recelos por parte de la industria sobre la relación con los investigadores… El panorama que se describe es el de finales de los 40, pero no resulta desconocido a los lectores actuales, una situación que debería hacernos reflexionar a todos. Por las causas que fueren el resurgimiento científico nacional que se ha dejado sentir en todos los sectores de la industria no ha llegado de una manera positiva a incorporarse a las necesidades pesqueras españolas: Oceanógrafos o biólogos y armadores o pescadores caminan por rutas distintas, reinando el mayor escepticismo respecto a la utilidad del científico en la Industria Marítima o en la pesca. Graells, comisionado por el Gobierno para hacer un informe de la riqueza costera de Galicia y Cantabria pública en 1869 la labor realizada a lo largo de todo el litoral citado. Labor extraordinaria. En este informe se puede apreciar la claridad con que percibió los problemas en nuestro litoral, que son los mismos de la actualidad pero mucho más agravados. Hemos de creer que tal informe no fue leído por las autoridades competentes. Denuncia el abuso de la pesca ostrícola con destino a los parques franceses entonces decrépitos. Poco a poco nuestras rías fueron desmanteladas. La vitalidad de nuestros bancos naturales, antes pujantes quedaron extenuados y mientras los franceses, que antes tenían que importar nuestra ostra, repoblaban sus parques y creaban una industria ostrícola floreciente nuestros míseros marisqueadores vendían las ostras madres y hasta las crías en cuanto éstas eran aceptadas por los compradores franceses. Copiamos textualmente lo que dice Graells al hablar de las rías bajas gallegas: “Criaderos de ostras que dentro y fuera del Reino he oído celebrar muchas veces y hasta apellidarlos el granero de tal molusco en Europa: siendo esto cierto, porque a Galicia han venido a cargar de él (de ostras) multitud de bajeles extranjeros, y de allí han salido millones de (ostras) madres y semillas, para formar ostreras artificiales allende de nuestras fronteras pirenaicas”. Esto muestra bien a las claras la indolencia que siempre ha reinado respecto a los problemas pesqueros.
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