“Proyecto para la creación de un centro de investigaciones pesqueras dependiente del consejo superior de investigaciones científicas”Han transcurrido 77 años y no se ha tomado ninguna medida para repoblar estos bancos naturales, ya que como dice Graells Galicia era el “granero” (ostrero) de Europa. El “hábitat” de las rías gallegas es el más adecuado para la cría de estos moluscos que con un poco de cuidado volverían a poblarlas. El oceanógrafo español está cansado de escuchar que su ciencia es puro entretenimiento. ¿Para qué sirve eso? ¿Eso sirve para algo? –suele escuchar. Los escépticos sonríen cuando ven sumergir el termómetro o cuando el biólogo se dispone a hacer una pesca de plancton. El oceanógrafo ha caminado sólo, aislado por la incomprensión de aquellos para quienes trabaja. Con escaso apoyo del Estado y ninguno de la Industria o de la iniciativa privada (como ocurre en otros países) se encierra en sus laboratorios y vive de espaldas al mar ocupándose de problemas biológicos y oceanográficos que, a veces, no son los más perentorios para la pesca. Hemos convivido entre científicos que deseaban adquirir preparación oceanográfica. Muchos de ellos vieron en los Centros actuales una pequeña ayuda económica y magníficos medios de conseguir la preparación necesaria para una oposiciones. En poco tiempo cinco naturalistas abandonaron las tareas oceanográficas pasando a otros organismos con mejores horizontes. De Química Oceanográfica pasó otro a cátedra de Universidad y de Física Oceanográfica pasaron dos más a otras actividades. En los últimos tres años 7 de los 8 citados especialistas o iniciados dejaron la Oceanografía en sus diversas secciones. Si no se pone remedio el proceso continuará y la Biología Marina y pesca nunca contarán con buenos especialistas. Los mejores ganarán otras oposiciones y los que queden una vez asegurado el puesto buscarán tareas auxiliares que les permita una vida decorosa. Para evitar este contínuo desplazamiento no queda otro curso que ofrecer al investigador, sobre todo al que nosotros necesitamos cuya labor no es de lucimiento sino gris y dura un desahogo económico que le permita vivir de su especialidad. Esta debe ser la primera medida para no caer en los mismos males que adolecen a los actuales oceanógrafos. Edición Impresa
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