Boletín de noticias
Regístrese de forma gratuita para recibir periódicamente el boletín de noticias (Newsletter) de IP
  • Follow IPesqueras on Twitter

El pescado en la alimentación: progresos de Latinoamérica

Julio Luna - 24 de diciembre de 2010 A+ A-

El pescado en el sistema alimentario

Desde hace más de diez años, el mundo produce más alimentos que nos necesarios para satisfacer las necesidades básicas de la humanidad, si fueran convenientemente distribuidos. Sin embargo la desnutrición y el hambre aún subsisten en muchos países. La causa deriva de la desigual distribución de ingresos y recursos, con sus efectos en la capacidad para adquirir y producir alimentos.

 

La producción mundial de cereales en la estación agrícola 84-85 alcanzó la cifra sin precedentes de unos 1.800 millones de toneladas. Por su parte la producción de carnes de todos tipos superó los 215 millones de toneladas. Siendo el pescado (35%), cerdo (25%), vacuno (21%) y pollo (13,5%) las fuentes principales. La disponibilidad de calorías diarias por habitante en el mundo aumentó de 2.502 en 1974-76 a 2.624 en 1983 y los gramos de proteína animal (*) . Si la producción de alimentos calóricos fuese distribuida proporcionalmente entre los habitantes del mundo, las necesidades básicas de alimentación estarían cubiertas y sobraría más del 10% de la producción. De hecho, el saldo excedente es mucho mayor debido a que varios cientos de millones de personas disponen de ingresos insuficientes para adquirir el sustento mínimo que sus organismos requieren.

 

Por otra parte, debe recordarse la limitación fisiológica del ser humano para ingerir alimentos. No por ser más rico se puede almorzar o cenar varias veces por día. Sin embargo, frente al límite cuantitativo, el poder adquisitivo excedente de los grupos de mayores ingresos se vuelca hacia la calidad y el refinamiento. Esto significa carne vacuna, pollo, cerdo, cordero, pescado fino y mariscos. El mundo dedica el 42% de la producción anual de granos y el 30% de la producción pesquera a la alimentación de animales, que a su vez serán consumidos por los segmentos de mayores ingresos.

 

Este ciclo creciente, que yo denomino “La Cadena Alimenticia de la Opulencia” absorbe una gran porción de los alimentos excedentes para convertirlos en productos más sofisticados dirigidos a satisfacer la demanda de los mercados más afluentes. Con sólo el 10% de los cereales que los países desarrollados destinan a la alimentación de animales, podría terminarse el hambre en el planeta, una vez que pusieran en práctica sistemas de conservación y distribución apropiadas en las áreas de alimentación crítica.

 

No obstante, debe aceptarse que la “Cadena Alimenticia de la Opulencia” es una forma inevitable de convertir los excedentes baratos en productos valiosos con mercados firmes. Lo que falta es crear “Cadenas Alimenticias de Austeridad” para aquellos seres humanos que se encuentran fuera del mercado monetario de alimentos a fin de permitir el abastecimiento necesario para sus necesidades nutricionales. Se estima que 1.300 millones de habitantes sufren desnutrición o hambre, del total de 5.000 millones de personas que habitan nuestro planeta.

 

Es cierto que el mundo ha disminuido sus tasas de crecimiento poblacional pero dicho crecimiento sigue aún siendo muy dinámico. Frente a ello, la población humana, especialmente en Iberoamérica, muestra una fuerte tendencia a establecerse en centros urbanos.

 

Las modernas concentraciones urbanas están dando lugar al establecimiento de nuevos sistemas masivos de alimentación que pueden llamarse “alimentación rápida”, o más propiamente, “alimentación institucional”. En ésta dinámica el consumidor final no elige con antelación los alimentos que va a adquirir o ingerir, sino que sólo puede seleccionar su comida entre opciones limitadas de platos ya preparados ofrecidos por una institución especializada, que puede ser una cadena de restaurantes de tipo rápido (“Cafeterías, “Pizzerías”, expendios de hamburguesas, etc), comedores industriales, programas de alimentación escolar, rancho de cuarteles, hospitales, penales, etc. El sistema ofrece numerosas ventajas en cuanto a la eficiencia económica, técnica y nutricional, ya que una institución especializada puede programar de manera económicamente más eficiente y nutricionalmente más adecuada el abastecimiento de alimentos preparados de lo que lograrían consumidores individuales o el grupo familiar. Las dificultades de transporte de las personas hace que en muchas grandes ciudades, más del 60% de las comidas habituales se sirvan en establecimientos públicos y no en el hogar. En 1980 había cerca de 1.800 millones de habitantes urbanos en el mundo, de un total de 4.400 millones. En el año 2025 habrá 5.300 millones de habitantes urbanos, de un total de 8.200 millones.

El dilema es bastante claro: o ponemos el pescado a tono con los requerimientos de la moderna alimentación urbana, o la pesca tendrá su futuro limitado a piensos para animales y una modesta expansión como dieta ocasional de clases urbanas de mayores ingresos”

 

 Una experiencia interesante ofrece el consumo de pollo en los Estados Unidos. De acuerdo a un estudio publicado en una revista especializada (*), en 1935 alcanzaba a 0,7 Ibs. Por habitante, en 1960 a 40 Ibs. en 1982 a 65.0 Ibs. El consumo de pescado, en cambio, pasó apenas de 10 a 12 Ibs. en los últimos años. Pero lo más notorio es la tendencia de los precios: mientras el índice de precios al consumidor de pollo subió en 20 años de 250 a 400, el índice para el pescado en igual período subió de 80 a 380. Hace 30 años el precio del pollo equivalía al 72% del precio medio de la carne de res: hoy sólo representa un 30% Actualmente el 60% del pollo en el mercado americano se vende despresado o procesado en varias formas. Las partes de baja calidad se convierten en pulpa, salchichas, hamburguesas y otras formas de alimento.

 

La integración horizontal y la racionalización del mercado, fuera de los progresos en genética y nutrición, permiten hoy día concentrar el 85% del abastecimiento de pollo en el mercado de Estados Unidos en 60 grandes productores, mientras que en pescado hay miles de abastecedores mayoristas, cuya oferta sólo puede regularse mediante costosos sistemas de almacenamiento. La acuicultura bien programada es una vía que podría variar esta situación.

 

El dilema es bastante claro: o ponemos el pescado a tono con los requerimientos de la moderna alimentación urbana o la pesca tendrá su futuro limitado a piensos para animales y una modesta expansión como dieta ocasional de clases urbanas de mayores ingresos. Mantendrá su papel tradicional en ciudades costeras y ciertas comunidades rurales y en países con tradición culinaria hacia alimentos pesqueros.

 

Sería equivocado enfatizar el desarrollo pesquero bajo la sola expresión de mayores capturas sin cuidar atentamente la disponibilidad y conservación de recursos y aprovechamiento eficaz de los productos finales.

 

Si bien la producción pesquera mundial se ha elevado en los últimos 20 años, las estadísticas acusan cierta estagnación en la disponibilidad por habitante. Introduciendo el factor poblacional, puede observarse que mientras en 1973 había una producción pesquera de 17,2 Kg. por habitante, en 1983 dicho aporte bajó a 16,6 Kg. y en 1986 se recuperó a 17,8 Kg. Si ello pudiera discriminarse entre tipos de productos, la conclusión probablemente sería que el pescado ha disminuido aún más su presencia en la diera por habitante, excepto en forma indirecta como alimento de pollos y cerdos.

 

El pescado es la primera fuente de proteína animal en el mundo (más del 35% de las carnes de todo tipo). Es también la más barata a nivel de producción primaria, pero el costo aumenta fuertemente con el uso intensivo de energía para su preservación. La introducción de métodos con bajo empleo de energía para producir alimentos derivados del pescado, como los del tipo “surimi” o productos obtenidos del pescado molido desgrasado, ofrecen una nueva y amplia posibilidad para aumentar el uso directo del pescado como alimento humano, especialmente en mercados institucionales de gran magnitud. Valga apreciar que solamente en el Brasil, los programas de alimentación escolar distribuyen cerca de 20 millones de raciones por día, para lo cual se cuenta con la debida organización y financiamiento.

Si bien la producción pesquera mundial se ha elevado en los últimos años, las estadísticas acusan cierta estagnación en la disponibilidad por habitante”

 

 

Los recursos pesqueros de Iberoamérica

América Latina comprende unos 30 países y territorios ubicados en América del Sur, América Central, México e Islas del Caribe . Entre 1965 y 1986 la región aumentó su producción pesquera de 2,5 a 15,6 millones de toneladas, o sea, 6,2 veces. Ello significa un 17,5% de la pesca mundial (89 millones de toneladas en 1986) Más de dos millones de personas están dedicadas a actividades pesqueras en Iberoamérica, en su mayor parte en explotaciones costeras a escala artesanal.

 

Según la FAO, América Latina podría aumentar su volumen de captura a unos 30 millones de toneladas, siendo 7 a 8 millones susceptibles de incremento empleando tecnologías existentes. Dicha estimación se refiere a zonas y especies sobre las cuales se posee datos confiables.

 

Las 200 millas marinas de Zona Económica Exclusiva, contigua a la costa del Pacífico Sur, recibe la productiva influencia de la corriente de Humboldt. Esta es una de las zonas pesqueras más pródigas del mundo. A pesar de las fuertes oscilaciones en el nivel de captura ocasionadas por cambios naturales, como el fenómeno de “El Niño”, continúa siendo proveedora importante de especies pelágicas de bajo costo (jurel, caballa, sardina, arenque, anchoveta) y peces de aguas profundas (merluza, congrio, corvina, róbalos) y de una amplia variedad de mariscos y crustáceos. Chile y Perú son los mayores productores con más de 5 millones de toneladas anuales cada uno.

Según la FAO, América Latina podría aumentar su volumen de captura a unos 30 millones de toneladas, siendo 7 a 8 millones susceptibles de incremento empleando tecnologías existentes”.

 

La Zona Económica Exclusiva de 200 millones en el Atlántico Sur, desde Tierra del Fuego hasta Río de Janeiro, se halla favorecida por la corriente fría de las Malvinas. Es también una zona altamente productiva, aunque en menor proporción que el Pacífico Sur. Las capturas más importantes comprenden merluza, polaca, sardinas, anchoita, camarón y túnidos. Argentina, Uruguay y Brasil suman cerca de 1,5 millones de toneladas anuales en total.

 

Por su parte, las condiciones ecológicas prevalencientes en la Zona Ecológica Exclusiva de los dos océanos circundantes, entre el Ecuador y el trópico de Cáncer, favorecen el desarrollo de valiosas especies tropicales como pargos, camarones y langostas. Además, en el Pacífico se concentran importantes recursos de atún, arenque, anchoveta. México y Panamá sobresalen en esta subregión con cerca de 1,5 millones de toneladas entre ambos.

 

La acuicultura intensiva atrae actualmente el interés de los inversionistas privados y el apoyo de los gobiernos, debido a su favorable rentabilidad y generación de divisas. Ejemplos de esta actividad son los camarones tropicales de agua salada, mejillones y otros moluscos, y la introducción de variedades de salmón en los ríos y costas del sur del Pacífico.

 

Si se cuentan sólo los lagos naturales, lagunas costeras y grandes represas, América Latina posee 10,5 millones de hectáreas para cultivo ictícola extensivo. La introducción de crías de peces en los ámbitos apropiados, aún sin alimentación especial, puede permitir una modesta producción anual de unos 50 kilos de pescado por hectárea, lo que significaría una contribución significativa al aprovisionamiento interno de alimentos.

 

Los países de la región han logrado considerables progresos en el desarrollo de tecnología propia, tanto en lo que se refiere a la pesca artesanal como a la industria pesquera. Las eficientes embarcaciones para pesca de cerco utilizadas en Chile, Perú y Ecuador, buques para la pesca de arrastre empleados en Argentina, Uruguay y Brasil, así como camaroneros de Brasil y México, entre otros, son mayormente diseñados y construidos localmente a costos ventajosamente competitivos con los de países desarrollados. Las plantas para almacenamiento refrigerado, fileteo, reducción y preparación de alimentos no convencionales, también son diseñadas y muchas veces fabricadas en los países de la región. Las embarcaciones pequeñas y los equipos de pesca para los numerosos pescadores artesanales son frecuentemente la producción regional, teniendo en cuenta el clima, la proximidad de los bancos pesqueros y la disponibilidad de mano de obra. Iguales logros se anotan en instalaciones y equipos para acuicultura.

 

Latinoamérica ha sido exportadora tradicional de pescado durante los últimos 25 años y presenta tendencias positivas en el comercio pesquero con el exterior. Una de ellas es el cambio en la composición de sus exportaciones, de harina y aceite de pescado hacia productos más valiosos. Otra es el incremento del valor total de las exportaciones de productos pesqueros, que pasó de $500 millones en 1970 a más de $2.500 millones en 1986, mientras las importaciones de productos pesqueros llegaron sólo a $287 millones.

 

La participación de la harina de pescado en el valor de las exportaciones pesqueras disminuyó del 60,1% en 1970 al 25,1% en 1980. A su vez, la participación de moluscos y crustáceos pasó del 26,7% en 1970 al 46,3% en 1980 y ahora constituye el mayor valor de exportación pesquera de la región. También aumentó la proporción del pescado congelado y refrigerado, del 2,9% en 1970 al 16,9% en 1980.

 

El superávit en el comercio exterior de productos pesqueros crece constantemente. En 1970 las importaciones pesqueras representaban el 19,6% de las exportaciones de la misma índole, mientras que en 1980 llegaron a ser sólo el 13,9% de las exportaciones.

 

El superávit en el comercio exterior de productos pesqueros crece constantemente. En 1970 las importaciones pesqueras representaban el 19,6% de las exportaciones de la misma índole, mientras que en 1980 llegaron a ser sólo el 13,9% de las exportaciones.

 

Mirando al mercado pesquero de la próxima década, América Latina ofrece una promisioria capacidad tanto en lo que hace al volumen como al valor final de los productos. En este sentido es necesario tomar en consideración algunos progresos, como las granjas salmoneras, el cultivo de moluscos y de camarones y la utilización de pescado de bajo costo en forma de alimentos no tradicionales de consumo masivo.

 

EL BID Y LA PESCA EN AMERICA LATINA

El Banco Interamericano de Desarrollo es un organismo financiero regional con 28 años de existencia, compuesto por 43 países miembros: 25 naciones de América Latina y el Caribe y 18 de América del Norte, Europa y Asia. En 1987 su cartera de préstamos alcanzó un total de 39.700 millones de dólares, de los cuales 8,500 millones se destinaron a los sectores agropecuarios, forestal y pesquero.

 

En 1970 el Banco inició la promoción de proyectos de desarrollo de la pesca artesanal e industrial en América Latina. A enero de 1987, había financiado 45 proyectos de inversión en el sector pesquero, además de 48 programas de asistencia técnica; 22 países de la región se han beneficiado de esos proyectos.

 

Los proyectos pesqueros ya terminados o en ejecución representan inversiones por 1.000 millones de dólares y envuelven financiamientos del Banco por unos 450 millones. Se espera que esos proyectos creen 50.000 empleos, beneficien a unas 225.000 personas y aumenten la producción pesquera anual de la región en aproximadamente 1,6 millones de toneladas, mediante la incorporación de cerca de 5.000 nuevas embarcaciones de diversos tipos.

 

Cuando el BID inició hace 17 años sus actividades en el sector de la pesca, muchos países se encontraban en etapa inicial de desarrollo en esta etapa inicial de desarrollo en este campo. La principal limitación ha sido la falta de instituciones apropiadas y de estímulos para los inversionistas privados.

 

Un programa de alcance hemisférico para el desarrollo de un sector con escasa experiencia o tradición, presentó áreas débiles en las cuales podían cometerse errores. Este riesgo se ha reducido en la medida que los países desenvuelven sus propias instituciones y forman personal capacitado.

 

El tipo más problemático de proyectos ha resultado ser el transformar comunidades pesqueras artesanales en cooperativas con nuevas flotas e instalaciones terrestres. Estos proyectos exigen una sólida asistencia técnica de largo plazo, pues de otra forma los pescadores no llegan a superar los problemas usuales de operaciones más elaboradas y desconocidas para ellos.

 

Los préstamos del BID para proyectos pesqueros representan una porción pequeña de la cartera total del Banco pero han sido propulsores del moderno desarrollo pesquero de América Latina. El camino futuro no es fácil, puesto que la agricultura tradicional y la cría de animales seguirán constituyendo la principal fuente de abastecimiento alimenticio en la región. La búsqueda contínua de nuevas fuentes de alimentos en las aguas y en la tierra ofrece a países desarrollados y en desarrollo una posibilidad de fortalecer los eslabones de sus sistemas de alimentación. Aunque ninguno de los alimentos provenientes de la pesca llegue a ser contribuyente individual predominante en el abastecimiento humano, a menudo ellos marcan, en muchas regiones del mundo, la diferencia entre malnutrición o desnutrición y una alimentación razonable.

ip en Twitter