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La Pesca de la sardina en las Rías Gallegas

Francisco Fernández del Riego - 15 de enero de 2011 A+ A-
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La sardina tiene, entre nosotros, una viva y fecunda historia. En la geografía marinera de Galicia, el plateado pez ha labrado una tradición de siglos. Habría que remontarse a muy lejanos tiempos para buscar el origen de una explotación, que tan importante papel desempeñó en la economía de los litorales gallegos. Pero nuestro intento es más limitado. Pretendemos tan solo esbozar algunos antecedentes históricos, acreditativos de la importancia que la sardina tuvo en la vida económica del país. Para ello hemos de valernos de algunos de los muchos documentos que, en los siglos XVI, XVII y XVIII, recogen hechos concretos sobre los pleitos suscitados en torno a los métodos de captura y a los artes empleados por los pescadores.

 

EL ARTE DE LA “SACADA”

Parece ser que entre los artes más primitivos, se hallan los conocidos con el nombre de “sacadas”. De ellas se ha dicho, reiteradamente, que “eran muy antiguas y de tiempo inmemorial”. Eran de dos tipos: las grandes, así denominadas y otras más pequeñas, conocidas por “rapetas” o “traiñas”. Ambos aparejos estaban muy generalizados en las rías de Galicia. Sobre todo, en Pontevedra, en Redondela, en Vigo y Cangas, en la gran ría de Arosa y en las próximas de Muros y Noya.

 

El ejercicio de la pesca con tales artes, se realizaba por medio de una lancha, tripulada por una dotación de 8 a 13 “compañeiros”. Tanto las condiciones de trabajo como el sistema de participación en las ganancias, obedecían a costumbres de raíz muy remota. Salían a la mar durante todo el año, y cuando las embarcaciones se aproximaban a tierra, sus tripulantes hacían sonar un caracol marino. Una vez vendida la pesca, se deducían los gastos del importe total, y el remanente era distribuído en dos mitades: una para el dueño del aparejo, y la otra para distribuir entre los “compañeiros”.

 

Un testimonio del año 1523, acredita que a causa del uso de las “sacadas”, la pesca de los cercos había experimentado un notable descenso. El “boliche”, por reunir condiciones más ventajosas, las fue reemplazando poco a poco. Pero con todo supervivieron, aún en momentos en que otros artes más modernos habían impuesto su eficacia en las faenas extractivas. Así, después de compartir con los “xeitos” el señorio más permanente de las rías, terminaron por refugiarse en lugares perfectamente localizados, tales como los barrios pontevedreses de Estribela y Cantoarea, entre otros.

 

Resultaría curioso diseñar, también, los tipos de embarcaciones que recorrían las aguas del litoral gallego, en procura de la popular clupea. Pero ello alargaría excesivamente, las proporciones de este artículo. Nos contentaremos, pues, con advertir que las más abundantes eran, en los siglos XVII y XVIII, las dornas y las pinazas. Las segundas según el decir de un historiador, eran ligeras y estrechas y no tan seguras como las primeras. Debieran parecerse éstas a patos –añade- así como aquéllas a anguilas.

 

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