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Dotar de coherencia a la PCP

Samuel Juárez, Secretario General de Pesca Marítima - 12 de julio de 2011 A+ A-
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En abril de 2001, y en pleno debate sobre la Política Común de Pesca, Samuel Juárez, por entonces secretario general de Pesca Marítima de España, escribía en Industrias Pesqueras su punto de vista sobre el Libro Verde presentado por el departamento que dirigía Franz Fischler y que centraba sus ejes de actuación en el ajuste de la flota a los recursos, destinando más fondos al desguace de buques y dejando las nuevas construcciones sin ayudas.

La aprobación por parte de la Comisión Europea, del llamado “Libro Verde” supone, en la práctica, el pistoletazo de salida de la revisión de la PCP. Este proceso puede traer como consecuencia cambios profundos en el futuro de esta política comunitaria; cambios de gran trascendencia para el sector y para cuantos de él dependen. La intensidad y el sentido de estos cambios dependerán de un conjunto de factores que pasamos a analizar. 

En cualquier caso, ésta es la primera vez en muchos años que la CE aborda, desde una perspectiva global, la revisión de la PCP. Si examinamos lo que ha sido la construcción de esta política, la realidad del sector pesquero español y comunitario, el contexto mundial y sus tendencias, el proceso de toma de decisiones y el equilibrio de fuerzas, quizás podamos comprender y seguir mejor este proceso. 

La PCP: una política de aluvión 

El origen de la PCP no se debió a la voluntad política de los estados integrantes de la Comunidad, de diseñar unas directrices comunes en materia de pesca, sino más bien a la necesidad de ir aportando soluciones a los problemas que se iban produciendo.

El comienzo de la PCP fue formando parte de la Política Agraria Común con la que comparte éstos principios. Esta conjunción, completamente anti-natura, de dos sectores de características radicalmente diferentes en lo social y en lo económico, es una buena muestra de la cortedad de ideas que la ha caracterizado desde su comienzo, cortedad que se mantiene hoy en día.

 La PCP nace en 1970, en forma de Organización Común de los Mercados de los productos de la pesca, una OCM a semejanza de las organizaciones de mercados agrarios. Pero su desarrollo se produce ante la necesidad de resolver los problemas derivados de la adhesión del Reino Unido, Irlanda y Dinamarca, países con importantes sectores pesqueros, poseedores de amplias fachadas marítimas, y que pretendían salvaguardar sus aguas de la competencia del resto de socios comunitarios.

Pero no será hasta principios de los ochenta, con la perspectiva de la adhesión de España, Grecia y Portugal, que la entonces Comunidad de doce miembros se ve en la necesidad de prepararse para acoger a la que entonces era una de las primeras flotas del mundo. Recién ampliadas las ZEE a 200 millas, se produce un intenso debate en el Consejo de la UE entre quienes pretendían fuertes limitaciones al principio de libre acceso -principalmente británicos e irlandeses- y quienes son partidarios de la comunitarización de los mares europeos. En 1983 se llega al compromiso de reservar 12 millas a los estados costeros (contra las 50 que pretendían británicos e irlandeses), y se instaura el régimen de TAC y cuotas, con el consiguiente reparto entre los Estados Miembros.

Se crean así las condiciones para limitar seriamente el acceso de la flota española a las aguas de los quince, condiciones que luego serían severamente endurecidas con ocasión de nuestro Tratado de Adhesión. La Adhesión de España trajo como consecuencia también la incorporación del amplio acervo de acuerdos con terceros países, configurando así la dimensión externa de la PCP.

La última ampliación de la Comunidad supuso también la necesidad de adaptar la PCP. La posible adhesión de Noruega, en su segundo intento fallido, ponía a la Europa de los doce ante la gran contradicción de que nuevos adherentes disfrutasen de mejores condiciones de acceso a las aguas comunitarias que España, que ya era miembro, y que debía soportar un rígido sistema de control de esfuerzo de pesca y simultaneidad de presencia en las aguas occidentales. Nació así el régimen de esfuerzo pesquero en esta agua, mediante el que la Comunidad prefirió aplicar este sistema de limitación de esfuerzo, en teoría, a todos los Estados Miembros, antes que levantar el régimen aplicado a España.

Esta “política de aluvión” hace que la PCP se componga de un conjunto de disposiciones, no siempre coherentes entre sí, que configuran un inestable equilibrio socio-político. Inestable y precario, pero equilibrio al fin y al cabo, que supone enormes dificultades políticas cuando se intenta modificar y dotar de coherencia.

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