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La acidificación de las profundidades del Atlántico Norte se acelera

IP - 13 de febrero de 2018

Foto: Ifremer. El proceso de acidificación en las profundidades del Atlántico Norte estaría siendo más rápido de lo esperado, según las conclusiones del proyecto hispano francés OVIDE, liderado IIM de Vigo (CSIC) y Laboratorio de Oceanografía Física y Espacial (LOPS), perteneciente al Ifremer francés, con el objetivo de monitorizar el cambio climático en el océano. Con la acumulación de las emisiones de origen humano, el CO2 disuelto aumenta en las aguas oceánicas superficiales por lo que la penetración avanzaría a una mayor velocidad de la prevista en los fondos, según los investigadores. La primera consecuencia será una amenaza aún mayor para los arrecifes de coral de agua fría. De continuar la tendencia actual, el CSIC habla de un plazo de 30 años antes de que se inicie la afección de los arrecifes de corales de aguas frías, que son la base de unos delicados ecosistemas marinos profundos (a más de 3.000 metros) con miles de años de historia.

Realizadas entre Groenlandia y Portugal, las prospecciones oceanográficas “Ovide” se utilizan para estudiar la región del Atlántico Norte, área crucial para el estudio de las corrientes marinas. En esta zona, la corriente del Atlántico Norte, desde la Corriente del Golfo, trae agua superficial caliente. Al enfriarse en esta zona subpolar, el agua se vuelve más densa y finalmente penetra profundamente. Esta convección es uno de los pilares de la “cinta transportadora" oceánica que redistribuye el calor entre las zonas polares y ecuatoriales, con una fuerte influencia en el clima global. 

Los resultados de la última campaña muestran que en el Mar de Irminger, entre Groenlandia e Islandia, esta tendencia aumenta. "Con el calentamiento de las temperaturas en esta área, se espera que disminuya en las próximas décadas según los modelos climáticos. Pero desde 2014, debido a los regímenes de tiempo particulares, observamos más bien un aumento en la profundidad de penetración de las aguas superficiales, y por lo tanto de CO2 disuelto", subrayan Herlé Mercier (CNRS) y Pascale Lherminier (Ifremer), miembros de LOPS y coautores del artículo sobre oceanografía física. Esta anomalía entre las observaciones recientes y los modelos a más largo plazo desafía a la comunidad científica y motiva la realización de la próxima campaña de Ovidio en junio-julio de 2018.

El agua superficial está más cargada de CO2 debido a la acumulación en la atmósfera de emisiones antropogénicas. La nueva serie de mediciones muestra que el CO2 disuelto se encuentra en concentraciones y profundidades crecientes y “esta agua acidificada puede poner en peligro a los organismos calcificadores, como los corales. De hecho, la acidificación reduce la presencia de carbonatos que es necesaria para este último, por ejemplo para la formación de su caparazón”, apunta Ifremer.

La razón es que los corales no pueden crecer en aguas oceánicas profundas y frías que tienen muy pocos iones de carbonato. La profundidad crítica para los corales se estima actualmente en 2.500 m de profundidad en el Atlántico Norte. Con los resultados en la mano, los investigadores estiman que “hemos demostrado mediante nuestros cálculos que la acidificación vinculada al cambio climático podría causar un aumento de 1.000 m de esta profundidad crítica", indica Fiz Fernández Pérez, del IIM, el primer autor del artículo y especializado en biogeoquímica marina. En este sentido, los organismos calcificadores ya no podrían desarrollarse por debajo de 1.500 m de profundidad.